No hay papeles en la ficción para las personas #trans

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“No tienes ni puta idea de lo que es ser trans, ¿sabes cuántos años estudié interpretación? 10 años ¿y sabes cuántos castings he hecho? Uno, para hacer de puta, trans y figurante”. La que habla es la actriz trans Laura Corbacho, de 21 años, interpretando a una adaptación de sí misma en la tercera temporada de Paquita Salas. En realidad, Corbacho no lleva tanto tiempo estudiando interpretación, pero sí lo suficiente como para haber sufrido la transfobia del sector. “Hace no mucho tiempo fui a hacer una prueba para una escuela de interpretación, en la que me dijeron literalmente que con mi voz y mi cuerpo no me iban a coger nunca en ningún sitio”, cuenta a Verne en conversación telefónica la joven cacereña.

Según la última encuesta realizada por la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB), en España, el 85% de las personas trans (aquellas cuyas identidades de género son diferentes del sexo que se les asignó al nacer) están desempleadas. “Es difícil encontrar cifras fiables sobre el desempleo en general porque las encuestas que se realizan esporádicamente dependen de varios factores, por ejemplo, que las personas trans sean visibles o no, que hayan transitado o no…”, explica a Verne Carmen García de Merlo, presidenta de COGAM (Colectivo LGTB+ de Madrid). “Esos datos tampoco nos permiten obtener una visión segregada por sectores profesionales, aunque muy probablemente el audiovisual sea uno de los que más penalizan a las personas trans”, añade.

Las personas y las historias trans, excluidas del mundo audiovisual

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Los personajes transexuales brillan por su ausencia en el cine y la televisión de todo el mundo, a pesar que, en España, por ejemplo, las personas trans representan el uno por mil de la población. De ahí que su presencia en películas y series todavía genere titulares, tanto por el hecho de existir como por el intérprete que los encarna. Especialmente cuando un actor cisgénero es elegido para meterse en la piel de una mujer trans –como ha ocurrido recientemente con Paco León en la serie de Netflix La casa de las flores– o una actriz cis hace lo propio con un hombre trans –véase el caso de Scarlett Johansson en Rub and Tug y su posterior retirada tras conversar con la comunidad trans y comprender los problemas detrás de su selección. Desde la perpetuación de estereotipos que denigran a las personas trans y niegan su identidad a la exclusión laboral. Porque si los pocos personajes trans del audiovisual recaen en intérpretes cis, parece utópico imaginar que un actor o una actriz trans pueda encarnar a un personaje cis.

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Ser una mujer trans durante la Transición española y los años que le siguieron significaba exponerse a un panorama hostil y poco amigable. Muchas de ellas quedaron relegadas a la exclusión social, las posibilidades que tenían de encontrar un trabajo eran muy complicadas. Ante ello, el mundo del espectáculo y la prostitución se postulaba como una alternativa.