En 2008 los estudios Pixar estrenaron ‘Wall-e’, una historia animada y futurista en un contexto post-apocalíptico. En esta película, la vida en nuestro planeta desaparece por la sobreexplotación de recursos y los humanos tienen que abandonar la Tierra por haberla convertido, literalmente, en un basurero.

En este escenario, las personas del futuro han terminado viviendo en el Axiom, un gigantesco crucero espacial en el que disfrutan de una vida cómoda. Un paraíso tecnológico. Pero los humanos en esta historia tienen un aspecto muy particular: se han convertido en unos seres redondos que se mueven en divanes flotantes.

En los últimos 150 años la ciencia y la tecnología han cambiado nuestra forma de entender y estar en el mundo. La historia de ‘Wall-e’ nos resulta familiar y creíble porque la tecnología está cambiando el planeta y nuestra vida.

Humanos en la película WALL-E (Andrew Stanton, 2008). IMDB / Pixar

Esto es así porque la tecnología ha revolucionado cómo trabajamos, qué comemos, cómo nos desplazamos. Incluso cómo nos relacionamos y divertimos. Algunas veces para bien, y otras no tanto. Aunque el balance global es positivo: a pesar de las profundas desigualdades económicas entre personas, la humanidad disfruta hoy de una calidad de vida inédita.

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