Iván Reguera Pascual

Luis Buñuel, el cineasta más genial y universal nacido en España, no pudo regresar a su país tras el golpe militar fascista de 1936. Desde París, donde convivió y trabajó con sus amigos surrealistas, recaudó fondos para ayudar a la República. No sirvió de nada, Franco se hizo con el poder y Buñuel se convirtió en enemigo del nuevo régimen. Al menos salvó el pellejo, no como su íntimo amigo Federico García Lorca, fusilado y enterrado en una fosa común que todavía hoy no se ha encontrado. La muerte de Lorca fue uno de los mayores mazazos de la larga y movida vida de Buñuel.

Una mala experiencia en Hollywood, perder su trabajo en el Museo de Arte Moderno de Nueva York por ser simpatizante comunista y la traición de Dalí, al que pidió una urgente ayuda económica que este le negó, le convencieron de que México contaba con una buena industria para trabajar en el cine y buscaban buenos y resolutivos directores. Así, Buñuel debutó en 1947 con una película para el famosísimo cantante Jorge Negrete. Trabajó y vivió bien en México hasta 1960, cuando se le planteó la posibilidad de volver a rodar en España.

La actriz mexicana Silvia Pinal, casada con el empresario Gustavo Alatriste, quería trabajar con Buñuel. Por mediación de Paco Rabal, Alatriste conoció finalmente al director, que le sugirió que podría debutar como productor en España burlando la censura franquista. Alatriste le preguntó cómo lograr semejante hazaña. Y el director le contestó: “Haciendo pasar la película por un folletín mexicano cuya protagonista es una beata que decide abandonar el convento, pero traslada sus ideas cristianas a su nueva vida”. A Alatriste le entusiasmó la idea de ver a su mujer como una beata y le dio a Buñuel total libertad para escribir y rodar lo que le apeteciera.

Así, Buñuel escribió, con Julio Alejandro, la historia de un viejo hidalgo español que vive solo en su vieja mansión desde la muerte de su esposa, ocurrida el mismo día de la boda. Un día recibe la visita de su sobrina Viridiana, novicia en un convento y que se parece a su difunta mujer. Tras la muerte de su tío, Viridiana convierte la mansión en un albergue para ayudar a pobres y mendigos. Sobre el papel parecía una historia religiosa y por eso la censura franquista no vio ningún inconveniente en el argumento.

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