Apuntes para “resetear” todo el ecosistema de los medios de comunicación

Las principales asociaciones de editores de España han sido de los primeros en redactar un detallado Plan de Choque para el sector, con medidas urgentes tan elementales como pedir un IVA reducido para los medios digitales (debería estar en vigor hace tiempo) y otra serie de ayudas, además de la formación de un instituto para la innovación periodística. Porque el mundo no será el mismo cuando dobleguemos al coronavirus. Hay que reinventar de arriba abajo todo el ecosistema de la información, que, como dice Yuval Noah Harari, es la mejor defensa contra los patógenos. “Es más importante la información que el aislamiento”, afirma el celebrado autor de “Homo Deus”. Y el negocio de los medios está al borde del KO total, tras el tsunami de la digitalización, transición que aún está inconclusa y atragantada en muchos actores grandes y pequeños. La paradoja es que la audiencia de los medios, en papel o digitales, se ha disparado hasta límites nunca vistos, pero la publicidad ha salido volando.

En España, la caída de las campañas publicitarias llega hasta 75%-80%. La reducción de la facturación publicitaria para abril no será menor del 50%. Y afecta a los digitales y al papel. Los medios impresos tienen problemas añadidos en la distribución y otros factores, cuando la información de calidad se amplia y se refugia en estos soportes. A esto se añade una incertidumbre radical sobre la recesión económica en la que entramos sin calendario de salida.

El coronavirus va a destruir el 15% de la economía mundial, según JP Morgan, peor que en cualquier recesión en la historia moderna. Los costes directos durante un año no serán mucho menos de 10 billones de dólares, sin contar los paquetes de rescate y estímulo. Puede ser el evento mundial más costoso desde la Segunda Guerra Mundial. Pero es que, además, hay que repensar todo el sistema económico. Algunas de las mejores cabezas del mundo resaltan la profunda injusticia que sustenta este modelo. Ya hay o habrá 4.000 millones de personas implicadas en la pandemia. Los que han endiosado el deslumbrante desarrollo tecnológico de los últimos 30 años se percatan de que ahora no son capaces de detener la pandemia. Estamos confinados y perplejos.

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