Yayo Herrero 

La memoria es la facultad de retener y recordar el pasado. Es una de las cosas más importantes que hace nuestro cerebro. Gracias a ella, los seres humanos somos capaces de adquirir y retener información de nosotros mismos, de nuestro entorno y de las consecuencias de nuestro comportamiento.

Si no hay memoria, no hay aprendizaje.

Para que exista, trabajan distintas partes del cerebro. El hipocampo, por ejemplo, es la estructura responsable de muchas de las funciones relacionadas con la memoria y aprendizaje. Se llama así porque su forma recuerda a la de un caballito de mar. También intervienen el cerebelo, una parte del cerebro que está cerca de la médula espinal y que se encarga del aprendizaje procedimental, y el sistema amigdalino que se encuentra debajo del hipocampo. Las neuronas de las amígdalas ayudan a la codificación de recuerdos emocionales, especialmente el miedo. La asociación de recuerdos y emociones permite fijar  lo que hay que recordar.

Sin la información de las emociones, tampoco hay memoria ni aprendizaje.

Para poder memorizar, aprender y anticipar, hay que prestar atención. La atención es un mecanismo cerebral que permite priorizar los estímulos y pensamientos relevantes e ignorar los menos importantes o las distracciones. A los mecanismos neuronales que permiten la selección de lo más importante en cada situación es a lo que llamamos atención. El sistema de atención selectiva prioriza la atención de aquello que genera ansiedad, miedo o estrés para poder reaccionar ante ello. Se supone que le tenemos miedo a aquello que pone la vida en peligro.

Sin atención, no hay memoria ni capacidad de establecer prioridades. Con la atención despistada y aturullada, no hay forma de aprender y reaccionar a las circunstancias que nos ponen en riesgo.

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La palabra recordar viene del latín recordari. Significa literalmente volver a pasar por el corazón. Es volver a hacer presente, revivir, algo que sucedió en el pasado. “Recordar es imaginar”, nos dice Marina Garcés. Memoria e imaginación se ligan cuando en nuestra mente se representa algo que estaba ausente. La imaginación permite comparar el presente con el pasado para anticipar el futuro. Es una verdadera pasada cognitiva que ha permitido a los seres humanos, a partir del aprendizaje de la experiencia previa, crear colectivamente entornos más seguros y menos inciertos.

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