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Entrevista a Miriam Rivera, bióloga, ilustradora, divulgadora científica especializada en el formato cómic y autora de Biomiics (Biología en Cómics)

 

¿Cómo llegaste a plantearte trabajar en esta área?

Desde pequeña, siempre me ha encantado dibujar, sobre todo manga. De hecho, en su momento, cursé dos modalidades de bachillerato porque, aunque quería hacer el de ciencias, no quería renunciar al artístico. Ya en el último año de carrera de biología humana, me di cuenta de que durante el grado había tenido muy poco tiempo para dibujar, y no quería que eso siguiese así. A la vez, quería seguir en contacto con la ciencia, así que se me ocurrió estudiar comunicación científica para así explicar ciencia con mis dibujos. Una vez dentro del máster, comencé a publicar algunos cómics sobre diferentes temas de biomedicina en Twitter, donde tuvieron mucho éxito. Así empecé a conocer a otros divulgadores y comunicadores, y a recibir mis primeros encargos. Con esos cómics podía ayudar a otros profesionales de empresas o centros de investigación científica a transmitir sus avances a la sociedad mientas hacía algo que me encantaba, y así he ido enfocando mi trabajo como autónoma.

¿El aprendizaje a través del cómic tiene más impacto y visibilidad que un libro? O, dicho de otra manera, ¿qué ventajas presenta el cómic frente a otras herramientas divulgativas disponibles?

Hay muchos estudios en los que se ha evaluado si los cómics pueden mejorar el conocimiento, el interés u otros componentes de este estilo respecto a un tema científico. Aunque cada estudio es distinto, muchos concuerdan en que un cómic de temática científica es capaz de aumentar el conocimiento sobre ese tema igual que lo haría un texto o incluso con mayor eficacia. Esto ocurre especialmente cuando los lectores no tienen un gran conocimiento sobre el tema. Por otra parte, presentar la materia en formato cómic hace que los lectores quieran leer más sobre ello en comparación con aquellos que leen un texto, por lo que los cómics son capaces de aumentar el interés por la ciencia y de incentivar el debate. Esto los hace de los más útiles como herramienta de aprendizaje.

Algunas características de los cómics que hacen esto posible son las historias, las metáforas visuales, la integración de texto e imagen y las posibilidades de distribución que ofrecen.

A diferencia de un texto meramente expositivo, un cómic puede hacer uso de las historias para causar emociones (alegría, tristeza, etc.). Esto facilita el recuerdo de la información y, por tanto, el aprendizaje.

Por otra parte, a diferencia de un libro o un artículo, el texto está perfectamente integrado en la imagen. No tienes que pasar la página para ver la fotografía o la ilustración a la que hace referencia el texto, sino que lees ambos elementos a la vez, lo cual reduce la carga de la memoria de trabajo. Se lo pone más fácil a nuestro cerebro para que comprenda la información, vaya.

Por otro lado, las ilustraciones de los cómics nos permiten crear metáforas visuales: representar conceptos abstractos, difíciles de imaginar, con conceptos conocidos o cotidianos. Igual que sabemos por convención que una sierra cortando un tronco indica que el personaje duerme, podemos comparar nuestro sistema inmunitario – un montón de células y proteínas que no podemos ver a simple vista – con un ejército que lucha para protegernos de un enemigo.

Por último, el cómic es una herramienta que puede distribuirse online o de forma impresa en multitud de formatos. A diferencia de un vídeo, no necesitas una pantalla para leerlo, por lo que es muy fácil repartirlo como folios o colgarlo en forma de póster en cualquier espacio. Además, también a diferencia de un vídeo o un podcast, tú eres quien marca el ritmo al que lees. Y, por supuesto, es muy fácil de difundirlo en redes sociales, webs y otros medios digitales para alcanzar a un público mucho mayor.

¿Tiene sentido diferenciar entre cómic juvenil y cómic para adultos? ¿O todo está impregnado por la dominante cultura juvenil?

Creo que tiene sentido pensar en el colectivo al que se dirige el material divulgativo que vayas a crear: su edad, su conocimiento, su profesión o su entorno, entre otras cosas. No tenemos las mismas preocupaciones cuando somos niños que cuando somos adolescentes, adultos o ancianos, ni todos tenemos los mismos intereses ni nos gustan las mismas cosas. Tampoco usarás en un cómic la misma jerga o lenguaje dependiendo de si va dirigido a niños o a adultos, ni a científicos o a público en general.

Cada colectivo cuenta con características comunes, por lo que podría tener sentido hablar de cómic juvenil o adulto e, incluso, infantil. ¿Implica esto que un cómic juvenil no pueda gustarle a un adulto o viceversa? En absoluto. ¿Significa que cualquier cómic juvenil, por el hecho de ser joven, me vaya a gustar? Tampoco.

Creo que tiene el mismo sentido hablar de cómic juvenil o adulto que hablar de cómics de distintos géneros, como superhéroes, situaciones cotidianas, médicos… Al final existen muchas categorías en las que podrías clasificar los cómics, y estos podrían estar en varias a la vez. Busca una combinación que te guste. No creo que todo esté “impregnado por una dominante cultura juvenil”.

Cuando hablamos de comunicación científica, ¿en qué se diferencia la Ilustración del cómic?

Hablamos de ilustraciones científicas propiamente cuando estas representan de forma objetiva y rigurosa el objeto, animal, planta, o proceso que deseemos, así que suelen ser bastante realistas. No se trata de dibujar una copia exacta de un modelo que estés observando, sino de su arquetipo.  Es decir, si observamos un pájaro y a este le falta una pata o tiene algunas plumas sucias, no debemos dibujarlas tal cual, porque esas características no son representativas de esa especie. Por eso, al realizar una ilustración científica, es importante contar con los conocimientos científicos necesarios, ya sea porque te has documentado con fuentes fiables, cuentas con asesoramiento científico, o ambos. En este tipo de ilustración no hay cabida para lo subjetivo. Aún así, sigue siendo trabajo del ilustrador buscar la composición, luz, ángulo, etc. que vayan a transmitir mejor la información al público objetivo.

En el caso de un cómic, obviamente también debes respetar el rigor científico, pero tienes mucha más libertad para contarlo como tú quieras y, además, añades el componente de la historia. Podríamos decir que, mientras que en una ilustración muestras una instantánea, en un cómic creas una narración a través de una secuencia de viñetas, cada una con una combinación de imagen y texto. Y esto lo podemos usar para explicar conceptos y procesos científicos integrando elementos, personajes o situaciones que los hagan más fáciles de entender para el lector.

¿Crees que la población tiene interés en los temas científicos? ¿Crees que solo es posible hacer llegar lo básico, lo esencial?

Cada dos años, la Fundación Española por la Ciencia y la Tecnología publica su Encuesta de Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología. En 2018, preguntaron a 5200 personas cuáles eran los tres temas en los que estaban más interesadas. Un 16,3% respondió que la ciencia y la tecnología, lo cual no es mucho. Aunque un 37,9% mencionó la medicina y la salud, que al final también va ligado a las ciencias biomédicas. Apostaría por que, después de todo lo ocurrido en 2020, el interés por ambos temas aumentará, y si un tema interesa, también será más fácil ayudar a la gente a profundizar en él, no quedarse en lo “más básico”.

Además, como hemos ido comentando, el interés también depende de cómo te muestren el contenido. Hemos visto que un tema científico presentado en forma de cómic aumenta el interés más que en forma de texto. De hecho, ya que me preguntas por mi experiencia, en un taller de cómics científicos que impartí en un colegio junto a un compañero, mostramos como ejemplo una viñeta de Carlos Pazos sobre la materia y la antimateria. En ella, ambas estaban enamoradas, pero no podían abrazarse porque si no, explotarían. Después de enseñársela, los niños no paraban de hacernos preguntas sobre la materia y la antimateria. Estamos hablando de física cuántica, y teníamos a 20 pequeños ansiosos de saber más, así que, ¿por qué no íbamos a poder hacer llegar algo más que “lo básico”?

¿De qué manera el cómic puede comunicar los avances de la investigación? ¿Qué “trucos” empleas tú? Nos gustaría saber sobre tu manera de trabajar.

Explotando las características propias del cómic que ya hemos mencionado, manteniendo el rigor científico, simplificando y, por supuesto, difundiéndolo para que llegue a la mayor cantidad de gente posible.

Cuando tengo que trabajar sobre un tema, lo primero que hago es buscar información. Si no controlo mucho del tema, comienzo con artículos más divulgativos o periodísticos. Si no, paso directamente a los artículos científicos. Las revisiones, que son artículos científicos que resumen el estado del arte de un tema determinado, ayudan mucho. Cuando ya tengo la información que necesito, hago una lista de mensajes sencillos que quiero transmitir. La elección de estos depende del objetivo del cómic y del público al que lo dirigimos. Por ejemplo, pongamos que quiero hacer un cómic sobre un tratamiento de una enfermedad rara. Si el cómic se dirige a un público general, dedicaré parte del cómic a explicar qué es esa enfermedad. Si se dirige a personas que ya la padecen, no hace falta explicarla porque ya la conocen.

Una vez tengo esto, hago una sinopsis, un pequeño resumen de la historia en la que voy a “enmarcar” el contenido. Esta tiene que servirme también para captar la atención del lector y empatizar con él. Algo que trato de introducir siempre es cómo la investigación de la que estoy hablando va a beneficiar o afectar a la persona que me lee.

Después, escribo un guion donde detallo qué aparecerá en cada viñeta y qué dice exactamente cada personaje. Intento evitar la fórmula “dibujo + caja de texto de narrador”. Prefiero que sean los personajes los que, con sus diálogos y acciones, te hagan seguir la historia. También me gusta introducir pequeños guiños de la cultura pop para empatizar con el público, cosas como frases, canciones o cameos de películas y series, o símiles con videojuegos conocidos.

Por último, hago el boceto y con un programa de dibujo vectorial, dejo listo el cómic final.

¿Abordar la cuestión del SARS-CoV-2 ha supuesto algún cambio en el planteamiento de tu trabajo? ¿Has tenido, por ejemplo, que pensar aspectos que no te habías planteado antes?

Damos por hecho que lo que explica la ciencia es inamovible. Los que tenemos formación científica sabemos que eso no es así. Un día podemos concluir una cosa y, pasado un tiempo, nuevas investigaciones pueden indicar que nos equivocábamos. Aún así, en los últimos meses, el ritmo con que se sucedían las nuevas informaciones ha sido increíble. Me he visto en la tesitura de tener que ir con muchísimo ojo con lo que contaba porque, por mucho que me hubiese documentado, lo que ese día era correcto, al siguiente podía no serlo.

¿Cómo podemos mejorar la divulgación científica? ¿Cuáles son los errores habituales?

Suponiendo que la parte del rigor está cubierta, creo que hablar desde la empatía es importante. Considero que es un error divulgar desde la soberbia, ridiculizando a aquellos que no saben algo o tienen información errónea. Tampoco es útil mostrar datos y gráficos sin más. Es necesario contextualizarlos, explicar cómo se interpretan, qué conclusiones se extraen de ello y cómo nos afectan. Todo ello de manera simplificada, evitando tecnicismos o, al menos, explicándolos si los usas. Porque hablar más, escribir textos o grabar vídeos más largos, o usar un lenguaje más complicado no significa que se vaya a entender mejor. Las historias nos ayudan a contextualizar la información científica porque nos ponen al nivel de “lo humano”, el humor es un recurso magnífico para mantener la atención y las imágenes nos permiten visualizar aquellos conceptos que más nos cuesta entender.

 

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