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El término desinformación, según el informe del grupo independiente de alto nivel de la Comisión Europea (HLEG, 2018), incluye todas las formas de información falsa, inexacta o engañosa diseñada, presentada y promovida para causar intencionalmente daño público o con fines de lucro.

Como indica Rodríguez Andrés (2018), el término desinformación se ha vuelto común en el lenguaje político y mediático, habiéndose incorporado también a la terminología popular, en la que se vincula a la manipulación de los medios de comunicación, al control de la información en beneficio de intereses políticos o económicos y a las estrategias de gobiernos, partidos o grandes empresas para engañar a la opinión pública.

La definición de este concepto, recogida en diversos diccionarios, la considera como sinónimo de ignorancia o desconocimiento, y también de manipulación o confusión. La Unión Europea define el concepto de desinformación como información verificablemente falsa o engañosa que, de manera acumulativa, (a) se crea, presenta y difunde con fines de lucro económico o para engañar intencionalmente al público; y (b) puede causar daño público, con la intención de amenazar a la política democrática y a los procesos de formulación de políticas, así como a bienes públicos como la protección de la salud, el medio ambiente o la seguridad de los ciudadanos de la UE (European Union, 2018).

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Nos encontramos ante un fenómeno de muy reciente conceptualización pero que, sin embargo, ha alcanzado un prolífico uso en muy poco tiempo. Con el paso de los años el término desinformación se ha convertido en un término cliché, al que se recurre para definir múltiples situaciones, todas ellas caracterizadas por el empleo de la mentira, muy especialmente en el campo de la comunicación política.

No obstante, sólo puede hablarse de desinformación cuando hay intención clara de engañar por parte de los promotores y realizadores de la información. En virtud de este criterio, ha sido común entre autores estadounidenses y franceses establecer la distinción entre misinformation, para hacer referencia al error, y disinformation cuando hay intención de engañar (Fallis, 2011).

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