Los cínicos han conquistado el oficio de informar y con él a muchos ciudadanos, que ya no esperan de los medios relatos verificados sino tomas de posición polares para ganar discusiones de ascensor

Luis García Tojar

El ya famoso tuit de Antonio Caño, director de El País entre 2014 y 2018, donde reconocía que durante su mandato el periódico (entonces) más prestigioso del espacio mediático español se dedicó a presionar al PSOE para evitar un acuerdo de legislatura con UP y los partidos nacionalistas, ha desatado un interesante debate en redes sociales sobre los fundamentos del periodismo. El ánimo de estas líneas es que tal discusión salte a medios de comunicación más grandes, así como al ámbito académico.

En el podcast La Base (número 79) se diferenciaron dos grandes posiciones ante este debate: en primer lugar los “cínicos”, que reconocen sin ambages la inevitable intencionalidad política del periodismo y propugnan, o practican, una información siempre en la trinchera; y enfrente los “ingenuos”, defensores de un periodismo objetivo e independiente más acorde con la tradición liberal. En lo que sigue intentaré argumentar a favor de una posición intermedia, que me gustaría llamar realista o profesional.

La objetividad es una de las discusiones clásicas en el periodismo. En sentido típico, información objetiva es la que relata acontecimientos sin tomar posición respecto de los mismos. Durante un siglo, este criterio se ha enseñado en redacciones y facultades como el primer valor de la noticia.

Sin embargo, en este sentido maximalista la objetividad periodística es un mito. Informar de algo, incluso hablar de algo, ya es tomar posición. Decidir que un tema entra en escaleta en lugar de otro, darle mayor o menor importancia, utilizar unas palabras u otras, etc., todo eso es valorar. Cada una de las decisiones informativas que se toman a diario en la redacción implica una toma de posición. Por tanto, entender el periodismo simplemente como relato de la verdad no es aceptable. La objetividad es un mito y los ingenuos están fundamentalmente equivocados.

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Imagen de la entrada de K-H. Leuders en Pixabay

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