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La narrativa de Conti, premiada, traducida y reeditada, es un clásico, igual que su influencia en el campo literario argentino y latinoamericano. Pero sus escritos publicados en diarios y revistas forman una obra paralela. En ellos insinúa su apego a los pequeños héroes anónimos, su interés por el cine, su lealtad a la revolución cubana y a las víctimas de Trelew, el ímpetu por los viajes y la nostalgia por Chacabuco, su pago.
En el prólogo, Duizeide señala: “En el fragor de los cierres, el periodismo aprende a ser lucha contra el tiempo. Eso era escribir para Conti”. En prensa (1955-1976), con varios artículos nunca compilados, repone las pasiones y compromisos de uno de los mayores escritores argentinos del siglo XX.
Haroldo Conti nació en 1925, en Chacabuco, provincia de Buenos Aires. Estudió con los jesuitas en el Seminario Metropolitano Conciliar de Villa Devoto, aunque se graduó más tarde en Filosofía en la UBA. Fue maestro de escuela primaria, profesor de latín, navegante, guionista de cine y piloto civil. En uno de sus vuelos, descubrió el Delta del Paraná, lugar donde se instaló y escribió su primera novela, Sudeste (1962, Premio Fabril Editora). Enseguida se convirtió en una de las figuras literarias más relevantes y traducidas de su generación. Le siguió la publicación de los libros de cuentos Todos los veranos (1964, Premio Municipal), Con otra gente (1967); las novelas Alrededor de la jaula (1967, Premio Universidad de Veracruz), En vida (1971, Premio Barral), Mascaró, el cazador americano (1975, Premio Casa de las Américas); y el libro de relatos La balada del álamo carolina (1975).
En paralelo, Conti colaboró en diarios y revistas de la época con textos de ficción, críticas cinematográficas, crónicas literarias y escritos sobre la coyuntura latinoamericana. Tras el último golpe de Estado, fue secuestrado y desaparecido el 5 de mayo de 1976 por las fuerzas de seguridad.

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