Jóvenes y Redes Sociales: ¿la alternativa a la conexión es la soledad?

Redacción OCC InCom-UAB

Las TRIC (Tecnologías para la Relación, la Información y la Comunicación) forman parte de la vida de los y las adolescentes: el 98,4% de una muestra formada por unos 41.500 jóvenes de entre 11 y 18 años que están cursando la ESO (Enseñanza Secundaria Obligatoria) indica que tiene teléfono móvil con conexión y el 90,8% dice que navega por Internet a diario. Uno de cada cuatro de los miembros de la muestra tiene discusiones todas las semanas en casa por el uso de estas tecnologías, pero a la vez el 36,8% informa que sus padres y madres acostumbran a utilizar los móviles durante las comidas. Todo esto, y más, lo recoge el informe de El impacto de la tecnología en la adolescencia.

Este es un estudio en el que han participado 265 centros educativos de toda España y que tiene como objetivo proporcionar un diagnóstico del uso y el impacto de las TRIC en la adolescencia. Quima Oliver, coordinadora de UNICEF Comité Cataluña, y Nacho Guadix, responsable de Educación de UNICEF España, fueron las personas encargadas de presentar el trabajo el 28 de abril de 2022 en el Colegio de Periodistas de Cataluña.

En la apertura de la Jornada, Joan Maria Morros, decano del Colegio de Periodistas de Cataluña, apuntó que este informe de UNICEF pone de manifiesto cómo se está transformando el mundo de la comunicación así como su incidencia entre las personas más jóvenes. Este trabajo da pie, sobre todo, a reflexionar sobre el uso – aunque quizás sería más preciso decir el abuso – que los más jóvenes hacen de las pantallas, enfatizó Morros.

 

Hábitos de consumo

La disponibilidad de un móvil propio llega entre los 10 y 11 años. A primer y segundo curso de la ESO, el 92,2% ya dispone de su propio smartphone. La mitad tienen una conexión vinculada a un contrato, pero uno de cada cuatro tiene acceso a datos de forma ilimitada.

Llevar el móvil al centro educativo es lo más habitual. El 59,1% del alumnado de ESO tiene por costumbre ir siempre con su teléfono móvil, porcentaje que aumenta hasta el 71,3% en el tercero y cuarto curso. Ahora bien, solo el 7,1% reconoce utilizarlo durante las clases con fines que no tienen nada que ver con los estudios.

Acerca de las horas de conexión, el informe indica que un 31,6% pasa más de 5 horas diarias conectado a Internet entre semana y la cifra aumenta al 49,6% durante el fin de semana. Es decir, la mitad de los adolescentes se pasan más de 5 horas al día delante de una pantalla sábado y domingo.

Más de la mitad, el 58,4%, reconoce tener el móvil en su habitación durante la noche y un 21,6% afirma que se conecta después de medianoche todos o casi todos los días. “Este hábito significa que tiene una repercusión muy grande en sus hábitos de higiene y de descanso”, interpreta Guadix.

Solo el 29,1% de la muestra explica que sus padres les ponen normas sobre el uso de las TRIC, el 24% dice que les limitan las horas de uso y el 13,2% apunta que tiene restricciones por lo que se refiere al acceso a contenido. Las normas y límites van decreciendo a medida que los hijos e hijas van creciendo. Así, estas se reducen a la mitad en la segunda etapa de la ESO.

Sociabilidad digital: amistades, relaciones…

Los usos más habituales de las redes tienen que ver con finalidades relacionales o lúdicas. Dentro de los usos más habituales también aparecen las tareas relacionadas con los estudios, pero en el último lugar.

El 96,9% reconoce sentir alegría en la red; el 81,6%, tranquilidad; el 78,9%, diversión y placer; y el 71,6%, comprensión. Nacho Gaudix opina que «esto significa que estos jóvenes tienen una menor satisfacción con la vida” y que “[el entorno digital] es una de las salidas emocionales más potentes a la que se agarran”.

De los datos, se desprende que más de la mitad de los adolescentes utiliza las redes sociales para hacer amigos y que el 44,3% lo hace para no sentirse solo. El contacto con desconocidos es habitual y este representa un caldo de cultivo para el grooming: el 57,2% ha aceptado alguna vez incluir como “amistad” a algún desconocido en alguna red social y el 21,5% ha quedado en persona con gente que conoció por Internet.

YouTube, Instagram y TikTok son las redes más aceptadas. Según el estudio, el 98,5% está registrado en alguna red social (el 83,5%, en tres o más y el 61,5% tiene varias cuentas o perfiles dentro de una misma red) y el 99% utiliza habitualmente al menos una app de mensajería instantánea (el 49,9% llega a utilizar tres o más y WhatApp y Direct Instagram son las más populares).

… y riesgos

No hay duda que Internet provoca emociones positivas en los adolescentes, pero tampoco se puede esconder cómo este entorno reformula y potencia los problemas que ya se debían gestionar antes en los espacios físicos.

A raíz de este estudio se han detectado conductas constitutivas de sexting con índices realmente preocupantes: el 8% manifiesta que ha enviado fotos o videos personales de carácter erótico o sexual y una cuarta parte, el 26,8%, manifiesta haberlos recibido. A pesar que el sexting es practicado por ambos géneros, las presiones las padecen generalmente ellas. A partir de tercero y cuarto de ESO las tasas de sexting se duplican.

Una de cada 10 adolescentes recibió una proposición sexual por parte de un adulto en Internet y uno de cada tres accedió a webs de contenido pornográfico. Las chicas son objeto de proposiciones sexuales por parte de adultos más frecuentemente que los chicos, mientras que el consumo de pornografía online se duplica en el género masculino.

El 33,6% de la muestra afirma haber padecido acoso escolar y un 22,5%, ciberacoso. Se detecta una clara correlación entre los dos tipos de acoso: el 72,9% de los adolescentes que sufren acoso online también lo sufren offline.

Según el estudio de UNICEF, el hecho de tener que cumplir normas no implica una disminución del uso problemático de Internet, pero sí que favorece una disminución de buena parte de las prácticas de riesgo online. Las diferencias son notables cuando se comparan los que casi nunca se conectan a Internet a partir de media noche y los que lo hacen de forma habitual. Entre estos últimos, las conductas de riesgo online se triplican.

Videojuegos: entretenimiento, vínculos y futuro laboral

Los resultados del informe dejan constancia de que los videojuegos son una de las principales fuentes de ocio. De media, dedican siete horas a la semana a los videojuegos, pero se tiene que tener en cuenta que un 4,4% juega más de 30 horas. Estos son un canal de socialización o interacción social más a través del cual los adolescentes conocen gente y hacen amigos. Así, el móvil se sitúa por delante de la consola como el principal dispositivo de consumo.

Por último, el informe detecta que uno de cada cinco destina todos los meses dinero a los videojuegos y, en un 4,5% de los casos, la cantidad llega a superar los 30 euros. Además, también cabe resaltar que uno de cada cinco, sobre todo chicos, piensa que podría llegar a ser un gamer profesional.

¡Cuidado con las apuestas online!

Este trabajo de UNICEF alerta de que un 3,6% de la muestra consultada ha apostado o ha jugado dinero alguna vez en su vida en entornos digitales. Incluso, un 1,6% lo hace de forma habitual una vez al mes. Estos porcentajes son superiores entre los chicos y tienden a aumentar durante la segunda etapa de la ESO.

Cerca de la mitad de la muestra (43,1%) piensa que hay muchas probabilidades de ganar dinero con los juegos online. Es más, tres de cada cuatro jóvenes que han jugado o apostado con dinero online afirman haber ganado alguna vez.

Las apuestas deportivas son la modalidad con más aceptación. ¿Y cómo lo pagan? El uso de la tarjeta de crédito o una cuenta de Pay Pal son las opciones más habituales. Este gasto no excede los 10 euros al mes, pero un 17% se gasta más de 30 euros mensualmente.

Debate final: Responsabilidad compartida

La presentación del estudio Impacto de la tecnología en la adolescencia finalizó con el debate entre diversos especialistas.

Elvira Vilardell, representante de Adolescents.cat , presentó los resultados de un test sobre hábitos de consumo y nuevas tecnologías en el que han participado 3.547 jóvenes de entre 14 y 22 años de Cataluña. Los resultados apuntan que un 37% dedica entre 3 y 5 horas diarias al móvil y un 37% mira el móvil constantemente, incluyendo la noche.

Este otro estudio también indica que más de la mitad (58%) es, en cierta forma, consciente del alto riesgo de navegar por Internet y considera que se debe vigilar. Respecto al control parental, este trabajo refleja que esta no es una práctica habitual: un 83% se conecta cuando quiere, sólo un 4% tiene una normas y horario prefijados y, en un 36% de los casos, la familia no controla el uso que hacen de las nuevas tecnologías. “A menudo me preguntan qué miro y con quién hablo, pero me siento libre de hacer lo que quiero”. Esta es una de las declaraciones recogidas en el estudio. Vilardell resume la percepción de la juventud de esta forma: “si no usas el móvil, te quedas aislado”.

“Internet ha dejado de ser una ventana y es una puerta a través de la cual nuestros hijos e hijas salen de casa y pueden ir a todos lados desde su habitación. Es importante que las familias controlen dónde van”, comentó Roger Ballescà, psicólogo del Hospital Sagrat Cor de Martorell y coordinador del Comité de Infancia y Adolescencia del Colegio Oficial de Psicología de Cataluña (COPC). Según Ballescà, los espacios de relación se han traslado desde el entorno físico al entorno digital y este último no está preparado para ellos. Es un espacio donde no se diferencia entre la zona de adultos y la zona de la infancia y adolescentes.

Lidón Gasull, directora de la aFFaC (Asociaciones Federadas de Familias de Alumnos de Cataluña) y abogada, apunta que “hay una brecha generacional tan grande entre adultos y adolescentes que hace que las familias tengan miedo. Hay falta de información y desconocimiento”. Gasull considera que “el sistema educativo es clave y es necesario fomentar herramientas colaborativas para que los jóvenes tengan una aproximación activa y no pasiva”.

Quima Oliver, al inicio de la presentación, ya insistió en que “es imprescindible definir el rol y la responsabilidad que tienen las familias, la escuela, los gobiernos y la industria del sector en pro de la prevención, protección e higiene digital”. Y esta idea también fue defendida al final por otros participantes en el acto de presentación del informe. Noelia Rebón, abogada especialista en infancia y adolescencia: «los agentes de la sociedad, escuela, empresas, medios, administraciones, se deben implicar para que haya una buena higiene digital”. Joan Cuevas, director de Innovación, Digitalización y Currículum del departamento de Educación de la Generalitat de Catalunya, apuesta también por encontrar soluciones de forma conjunta entre administraciones, entidades y expertos.

Pero, además de generar nuevas estrategias y sinergias dirigidas a hacer frente a los problemas que la sociabilidad digital genera y fortalece, se debe pensar en cómo abordar esto dentro de las casas y familias. Por ejemplo, las limitaciones no deben tener el sentido de un castigo sino que más bien deben entenderse por parte de los y las jóvenes como una ayuda para poder aprender a seleccionar qué espacios son interesantes y cuáles no y, sobre todo, a gestionar respuestas emocionales, positivas e inmediatas, que las redes generan.

Y, por último, a pesar de que es evidente que los datos recogidos son muy preocupantes, ya que recuerdan fácilmente comportamientos adictivos, también se debería investigar cómo el lenguaje digital favorece que todo esto suceda. Se debe pensar cómo se puede actuar desde la propia industria cultural.

Imagen entrada de RÜŞTÜ BOZKUŞ en Pixabay

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