La dificultad de detectar las adicciones al móvil y a las redes sociales

 

El OC C InCom-UAB entrevista a Marc Masip, psicólogo experto en adicciones a las tecnologías y divulgador social

Texto y fotografía: Marta Civil i Serra (OCC InCom-UAB)

Marc Masip, nacido en Barcelona en 1987, es psicólogo experto en adicciones, sobre todo a las provocadas por el uso indebido de las tecnologías y teléfonos móviles, que pueden llegar a afectar gravemente las pautas de conducta de las personas que las padecen. Atiende al Observatori de la Comunicació a Catalunya (OCC InCom-UAB) en la sede del hospital de día del Instituto Psicológico Desconecta, que creó en el año 2012, en Barcelona, y que se complementa con un ambulatorio y una escuela, con aulas con grupos reducidos de alumnos de ESO y Bachillerato que por su adicción no pueden seguir una formación reglada. Gracias a este programa terapéutico aprenden a hacer un buen uso del móvil, con una dieta digital saludable, y una educación tutorizada para poder seguir el curso.

Con la voluntad de sensibilizar sobre estas adicciones a familias, profesores y otros profesionales, Marc Masip escribió Desconecta (Libros Cúpula, 2018), una obra donde aporta pautas para reconocer el grado de dependencia a los móviles, y anima a no tener miedo de pedir ayuda profesional, si es necesario. Desde septiembre de 2020, en plena pandemia de la covid-19, el instituto que dirige ha crecido, con una nueva sede en Madrid.

Marc Masip, en la sede del Instituto Desconect@, en la calle del Berlinès, en Barcelona

 

 

 

 

Usted lleva años avisando de la importancia de ser conscientes a la adicción a los móviles y a las redes. Se trata de un problema social?

Sí, pienso que cada vez somos más conscientes del problema, pero todavía no hemos llegado al punto de concienciación absoluta. Es decir, si vemos a una persona por la calle drogándose, tomando cocaína, fumando marihuana o caminando bebido, nos genera rechazo… En cambio, vemos constantemente personas con el móvil, de manera abusiva, y lo normalizamos. Lo normalizamos con a pareja, en un compañero de trabajo., en el niño que no sabe desconectar… Y creo que es importante saber que el teléfono móvil, a diferencia de las drogas, lo podemos utilizar de manera correcta. Por esto es fundamental que las escuelas, los institutos y las empresas que impartimos formación en este campo podamos enseñar a los jóvenes, a los adolescentes y también a los más pequeños, cómo hacer un buen uso del teléfono móvil. No estoy en contra de las redes sociales, ni de ningún tipo de teléfono móvil, pero sí que estoy muy preocupado por el futuro de estas conductas, que pueden ser muy perjudiciales. Cabe recordar que un 75% de la población mundial se declara dependiente de su teléfono móvil y, en España, un 21,3% de los adolescentes sufre adicción a las redes, la cifra más alta de Europa, donde la media está en un 12,7%.

Usted defiende que sería necesario regular el uso de los móviles, para evitar una sobreexposición en edades infantiles y adolescentes. ¿Qué propone exactamente?

Yo creo que la solución es una combinación de leyes y acciones formativas. Nosotros podemos formar a los más jóvenes, a través de conferencias, talleres e incluso que haya una asignatura en la escuela. Esto nos ayudará, y mucho. Pero tiene que haber alguna ley que nos ayude a regularlo. Hemos observado que cuando hubo un descenso de la tasa de fumadores fue a partir de la ley antitabaco, que estuvo muy ligada a campañas mediáticas de concienciación absoluta de toda la población. En otro sentido, cuando se consiguió disminuir el número de accidentes de coche por hablar con el móvil fue gracias a la prohibición por ley y a las campañas de la Dirección General de Tráfico. Ahora, si te cogen hablando por el móvil, cuando estás conduciendo, te ponen una buena multa, pero siempre este tipo de sensibilización ha ido vinculada a campañas y a una normativa más estricta. Quizás se podría prohibir el uso del móvil hasta una cierta edad, y que las escuelas no lo fomenten. Hay que informar a la gente por qué se tiene que hacer esto, y después, se tienen que aprobar unas leyes que nos ayuden a adquirir unos buenos hábitos para nuestra salud.

¿Qué papel tendría que jugar la industria de la telefonía, en este cambio?

El teléfono móvil es unos de los pocos aparatos que te lo venden en una caja sin manual de instrucciones. Son aparatos tan adictivos, tan intuitivos, tan fáciles…, que cualquier persona puede utilizar un teléfono inteligente (smartphone), sin conocer los verdaderos peligros que puede generar su uso. En este sentido, yo creo que antes de los 16 años no es adecuado tener un smartphone ni un perfil en las redes sociales, porque no beneficia a la persona, no se está preparado, ni tu ni tu cerebro, a pesar de que alguien pueda decirte que “No pasa nada, porque todos los niños de la clase lo tienen”. Los chicos y chicas de entre 12 y 15 años no tendría que tener la necesidad de tener redes sociales… Es la gran excusa de los padres para decir que tendrán más amigos, pero es todo lo contrario: cuanto más conectados al móvil, más problemas acaban teniendo para relacionarse a nivel social. Ellos están haciendo un uso, desde el desconocimiento, en plena libertad. Por lo tanto, no podemos esperar que respondan de una forma correcta, cuando no los hemos preparado para una cosa que no les corresponde. Nosotros, los adultos, sabemos qué es vivir con móvil y sin móvil, pero los chicos y las chicas, no. Nos hacer faltar hacer muchísimo trabajo. Padres, madres, pedagogos y psicólogos hemos de hacer un esfuerzo para ser unos referentes para ellos, y que no utilicen el móvil como efecto espejo.

En el año 2018, en España, la Conferencia sectorial sobre Drogas (máximo órgano de decisión política del Plan Nacional sobre Drogas, con representantes de distintos ministerios) aprobó el Plan de Acción sobre Adicciones 2018-2020, que incluía por primera vez el uso abusivo de las nuevas tecnologías, los videojuegos y los juegos en línea. ¿Cómo valora esta decisión?

Hemos hecho un avance en este sentido y también cabe destacar que en 2019 la Organización Mundial de la Salud (OMS) aprobó que la adicción a los videojuegos pasará a al categoría de enfermedades y trastornos, a partir del 1 de enero de 2022. Aunque todavía falte un año, para que entre en vigor, pienso que es muy importante que desde la OMS y organismos estatales se empiece a hablar de la adicción al móvil, cómo hacer un buen uso, evitar la dependencia y conseguir estar mejor informado, y no sólo introducirlo con planes estatales, vinculados a la salud, sino también con los planes vinculados a la educación.

Hay una parte educativa y social en los videojuegos, tal como estudia el equipo del Observatorio de Comunicación, Videojuegos y Entretenimiento (OCVE InCom-UAB/UVic-UCC). ¿Dónde está el límite entre pasión y adicción?

La línea que separa la pasión de la adicción es muy fina y se puede detectar con cuatro puntos esenciales: a) cuando crea pérdida de control de aspectos de la vida personal; b) cuando crea abstinencia; c) cuando su uso supone sustitución de actividades sociales; y d) cuando se es consciente del mal uso que se está haciendo del móvil, se quiere regular y no se es capaz. Siempre que hay un problema es necesario pedir ayuda y no pasa nada.

Las aplicaciones de control parental no están evitando que los niños y jóvenes puedan acceder, con cierta facilidad, a la pornografía. ¿Cómo se puede revertir la situación?

A mí me preocupa la disposición al sexo que hay entre jóvenes que consumen pornografía. Son personas que acaban teniendo unos referentes sobre la sexualidad basados en situaciones que no tendrían que ser un referente, como grupos de chicos con una chica y la violencia y el sometimiento que se ejerce. Estas escenas y películas distorsionan el amor y el sexo. Los adolescentes tienen que poder entender que el sexo puede ser placer, muy bonito, con respeto. También nos encontramos con personas muy jóvenes que han consumido pornografía que rechazan el sexo, por miedo. Y les tenemos que ayudar a cambiar esta visión distorsionada. Los educadores tenemos un papel importante, pero las familias también.

¿En qué momento decide usted crear el Instituto Psicológico Desconecta?

La experiencia nace de un viaje que realicé con unos amigos en Menorca. Después de estar unas horas en un pequeño barco, una menorquina, vi como un chico del grupo que llevaba rato quejándose por la falta de conexión a la red prefirió tirarse al agua, bañarse, mojarse, llegar a la playa, caminar unas dos horas y llegar a la casa donde se alojaba, porque había wifi, que no estar con unos amigos, realizando una excursión en una cueva. Allí decidí crear el instituto Desconecta, para ayudar a personas que padecen este miedo irracional a salir de casa sin teléfono móvil o quedarse sin batería, conocida como nomofobia (no-mobile-phone phobia). Primero saqué adelante el proyecto solo y poco a poco se ha ido sumando un equipo magnífico de profesiones que creen en ayudar a cambiar, a orientar, a educar a estos adolescentes… Ahora somos 42 personas trabajando en el equipo.

¿A cuántas familias ayuda el Instituto Pedagógico Desconecta, durante el curso?

En la escuela ahora tenemos unas sesenta familias y en la parte clínica, entre 250 y 300 familias. Nosotros trabajamos con ESO y Bachillerato en nuestra escuela, y tenemos convenios con distintos centros educativos, universidades y empresas. Cuando cogemos a un paciente, le hacemos un tratamiento sistémico, multifuncional, y por lo tanto, esté en la universidad, en el trabajo, en la escuela, el acompañamiento se realiza hasta que está bien. Sea con tratamientos intensivos, o con tratamientos ambulatorios, la disposición es hasta que creemos que el paciente está bien o que él cree que ya no necesita más ayuda. En septiembre de 2020 pudimos ampliar el instituto con una sede en Madrid. Hemos querido crecer, para ofrecer nuestro servicio más allá de Barcelona, pero nosotros trabajamos de una manera muy personalizada, con grupos muy reducidos, para que aprendan y sean capaces de aprobar el curso. En la escuela los grupos son de un máximo de cuatro alumnos. La escuela es mixta, pero el tratamiento es por sexos, simplemente porque es mucho más fiable poner una chica de 14 años con una chica de 16, que poner aun chico y una chica juntos.

¿Cómo enseñan a tomar conciencia del mundo real respecto el virtual?

A la gente que ha desconectado un poco del mundo y ha conectado demasiado con las redes les aportamos herramientas para que pueden volver a conectar con lo que es real. El problema de las redes sociales es que una persona quiere mostrar su mejor versión, al precio que sea, para conseguir una pertinencia al grupo: quién eres y quién te muestras que eres o quién quieres llegar a ser en las redes. Esto puede crear mucha presión y terminar comportando problemas de depresión y salud mental. A mi me preocupa que no tengan suficientes herramientas y no sepan cómo actuar. Tienen que entender que el teléfono móvil puede ser una herramienta muy positiva, si sabes hacer un buen uso, pero siempre tiene que haber una conexión real.

Conocer cómo hacer un bien uso puede aportar libertad…

Es un derecho fundamental, el poder decidir a partir del conocimiento, y aprender nuevos valores sociales. La escuela es una parte académica de transmitir valores, una hoja de ruta, y se tiene que combinar con otras actividades, porque el día tiene suficientes horas. Por lo tanto, yo creo que el deporte y la educación se pueden combinar muy y muy bien, y se tiene que evitar que la persona esté horas en el sofá, con su teléfono móvil. Yo soy muy deportista; ahora he estado un tiempo alejado, pero volveré. El deporte te da muchos valores: el esfuerzo, la constancia, no ir por otros mundos (como pueden ser las drogas), cohesión de grupo, trato y respeto. Creo que es sano. Motivamos a los adolescentes a buscar nuevas actividades, que escojan el deporte que quieran, pero que hagan deporte y que disfruten practicándolo.

¿Cuántas horas diarias son recomendables para estar conectado con el móvil?

Yo no creo que la reflexión sea cuántas horas son recomendables, sino de dónde saco el tiempo para el uso que hago del teléfono móvil. Es necesario tener sentido común: 8 horas para dormir, 2-3 para comer (desayunar, comer, merendar y cenar) y ya llevamos 11. A estas cabe sumarle 8 horas de trabajo, más el tiempo para llegar al trabajo, seguramente ya son 9. Llevas 20. Más 2 horas dedicadas al deporte (entre ir, prepararte, y practicarlo), ya llevamos 22 y todavía no has leído, no has quedado con amigos, no has descansado… Por lo tanto, consideramos que el uso tiene que ser el que encaje con el sentido común: si dedicamos 7 u 8 horas, ¿de dónde hemos sacado este tiempo? ¿Dejo de trabajar? ¿Es que no he quedado con la familia o los amigos? ¿Es que no duermo?

Desde marzo de 2020, con la declaración de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de la pandemia de la codiv-19, hemos estado muy conectados, con más teletrabajo y clases confinadas, en línea. ¿Ha habido un aumento de las adicciones?

Creo que hay un momento concreto, durante el estado de alarma decretado por el Gobierno de España, en el momento en el que nos encerraron a todos, la gente se conectó más, pero no creo que nos hayamos convertido en más adictos. Hay gente que dice: “me ha ido fantástico para leer”, “me ha ido fantástico para pintar porque hacía tiempo que no lo hacía”, o “he podido retomar vínculos familiares que hacía tiempo a los que no me dedicaba”. Creo que no ha habido más adicción, sino más detección.

Usted también ha dedicado un gran esfuerzo a la divulgación…

Constantemente estamos trabajando con fundaciones, participando con instituciones que quieren dar el mismo mensaje, o asistiendo a un debate con ponentes que tienen un mensaje contrario. Es fundamental colaborar con todo el mundo que quiere trabajar con un mensaje para educar. Es tiempo y dedicación, pero estoy convencido que es imprescindible este debate social, este esfuerzo conjunto, para llegar a la población.

Para terminar, una última pregunta: en Cataluña y en España se está desplegando la tecnología de telefonía móvil de quinta generación (5G), con conexión a internet mucho más rápida que la conexión de banda ancha que conocíamos hasta ahora. ¿Cómo afectará esta rapidez de conexión en el uso que haremos del teléfono móvil?

Es un tema sobre el que no puedo hablar, porque no lo domino suficientemente. Lo que es evidente es que la evolución tecnológica no parará y tenemos que estar preparados para ir afrontando las nuevas situaciones, desde el conocimiento y la formación.

 

Referencias de interés

 

 

One thought on “La dificultad de detectar las adicciones al móvil y a las redes sociales

  • El punto de partida es que la adicción es una enfermedad cerebral, tal como lo reconoce la OMS. Segundo, es una muestra de incapacidad para mantener la abstinencia, en este caso a los dispositivos móviles. Es difícil reconocer la adicción de esta naturaleza, salvo que se presenten ciertos trastornos que preocupen al damnificado. Aparte de los problemas que conlleva el conducir un vehículo con un celular pegado al oído o transitar las calles prescindiendo de las indicaciones del semáforo, o finalmente restando el tiempo al trabajo o al sano ocio, deberían motivar a los medios a lanzar verdaderas campañas de prevención, por la salud mental de los ciudadanos. Hay mucho para estudiar sobre este tema, pero muchos gobiernos ni siquiera lo ven como problema potencial.

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