La estética de la dificultad. Teoría y motivos en el videojuego, Mateo Terrasa Torres (2022)

+ info: Shangrila Ediciones

¿Qué hace a un videojuego difícil? El éxito de videojuegos considerados hardcore como Dark Souls, los géneros roguelike y metroidvania o el fumblecore, esos videojuegos con controles complicados y torpes, son solo una pequeña muestra de cómo entendemos la dificultad. La dificultad en el videojuego ha sido y es una herramienta legitimadora tanto de la calidad de un videojuego como del jugador capaz de dominarlo. Si es difícil es mejor, nos decimos. Forma parte de la historia del medio desde sus inicios en los salones recreativos, un modelo de juego clásico caracterizado por ofrecer un abanico de estilos de juego escaso y sencillo de comprender, con objetivos explícitos y castigos severos. Pero el lenguaje del videojuego era más amplio ya en sus inicios, con géneros como la aventura textual, y ha evolucionado también hacia otros terrenos, con una multiplicidad de propuestas que nos obligan a entender la dificultad como resistencia del juego al jugador. Es una cuestión, también, de envolturas. No nos podemos cerrar a entenderla únicamente desde la dimensión mecánica que afecta a la habilidad del jugador para afrontar retos. Debemos incorporar la exploración de narrativas puzle, temáticas complejas, densidad atmosférica, emociones negativas, implicación emocional, referencias filosóficas o reflexiones políticas, así como la condición personal y experiencial del videojuego, para entender la dificultad en toda su complejidad lúdica y expresiva. La dificultad atraviesa toda la experiencia de juego, afectada por múltiples factores mecánicos, ficcionales y de la propia actuación del jugador.

Este libro aborda la experiencia de la dificultad desde la estética, usando una perspectiva amplia en la que tienen cabida tanto la dimensión mecánica del juego como la ficcional (la narrativa, el arte o las temáticas), así como también el relevante papel del jugador en la experiencia personal. Con una introducción teórica que ayuda a situar la dificultad en el mapa de lo complejo, este libro propone treinta motivos ludoficcionales como herramientas de análisis estético que ayudarán a entender mejor cómo y por qué nos enfrentamos a (y disfrutamos) lo difícil.

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