La pandemia mundial ha entrado de lleno en las estrategias de propaganda y de desinformación de China, Rusia, Estados Unidos y la Unión Europea. Cada potencia las usa según su estilo, pero todas son conscientes de que a corto plazo solo las narrativas que incluyan al virus serán las que calen en la población.

El origen de COVID-19 podría estar en Ucrania, en unos laboratorios secretos estadounidenses. ¿Información o desinformación? Los laboratorios existen, pero no hay pruebas de que allí hayan trabajado con virus parecidos al SARS-CoV-2. Como la noticia fue publicada por el medio Primavera rusa, una publicación afín al gobierno de Putin y distribuidor habitual de desinformaciones y bulos, la teoría de la desinformación parece la más viable.

La primera mitad de 2020 ha tenido a los equipos de verificadores muy ocupados. A los habituales desmentidos de bulos se han sumado centenares de desinformaciones que el bloque sino-ruso y Estados Unidos se han lanzado mutuamente. COVID-19 ha entrado en la competición por la influencia mundial y los principales contendientes han incorporado la pandemia a sus estrategias de propaganda y de desinformación.

China, que comenzó el año intentando silenciar el brote detectado en Wuhan, hoy crea sus propias narrativas en torno a la pandemia. El gran cambio se produjo en marzo de 2020, cuando empezó a promocionar el envío de suministros médicos a varios países, España e Italia entre ellos. La propaganda emergió tanto de las embajadas de China en Europa como de medios afines. Medios como la agencia de noticias Xinhua, el diario Global Times o la cadena China Global Television Network (CGTN), plataformas que publican en inglés, francés y español y que están orientados a ciudadanos occidentales.

Pasados los peores meses para Europa y China, el país asiático inició mayo contándole al mundo los esfuerzos de sus científicos en la búsqueda de la vacuna. Una propaganda blanda que se mantiene actualmente. Sin embargo, esta publicidad en positivo no ha hecho que China reniegue de la desinformación, como denunció la Unión Europea en junio. Muchos de los textos y piezas que elogian los avances científicos chinos reservan los párrafos finales para introducir críticas a los gobiernos estadounidense y europeos, con argumentos a veces veraces y otras, falsos.

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