¿Qué criterios usa el buscador para priorizar o relegar contenidos? Esta pregunta, que remite al ejercicio de la libertad de expresión, es la curiosa posdata con la que la Corte Suprema de Justicia dirimió la demanda de Natalia Denegri contra Google. Googlesplaining y opacidad algorítmica.

Martín Becerra

Los buscadores son un gran invento y sería caótico hallar información en Internet sin su ayuda. El surgimiento de buscadores, hace casi 30 años, habla de la consolidación del entorno digital. Como Internet, los buscadores evolucionaron. Fueron generalistas en sus comienzos y, desde hace más de 12 años, son personalizados y cada vez más sofisticados en las respuestas que arrojan a las demandas de los usuarios. El orden que se establece en esas respuestas no es aleatorio y sus efectos sociales, culturales y económicos son trascendentes. La programación de ese orden es un filtro que impregna las percepciones y facilita o entorpece el acceso a la información.

Google es la compañía que más y mejor trabajó sobre la indexación de la información disponible en Internet, haciendo de su motor de búsqueda un negocio que concentra más del 90% de las consultas de los usuarios del continente americano (más del 97% en la Argentina) y expandiendo sus dominios a la principal plataforma de videos online (YouTube), el mayor sistema operativo de teléfonos móviles, tablets, autos y televisores (Android), aplicaciones de georeferenciamiento y mapas (Google Maps), el correo electrónico más utilizado (Gmail), el acceso a noticias de medios (Google News), la plataforma ofimática Google Drive, el navegador Chrome y otros servicios comerciales agrupados bajo la marca Alphabet Inc.

Aunque existen otros buscadores en el mercado, el monopolio de Google es tan sólido que el verbo googlear no tiene equivalente. Es por ello que posicionarse en el motor de búsqueda de la compañía fundada por Larry Page y Sergey Brin es vital para cualquier organización, ya que Google franquea u obstruye el acceso de millones de personas a la información, según ésta se halle bien o mal posicionada en los resultados del catálogo de links que arroja el conjunto de algoritmos segundos después de ser activado.

Como saben bien empresas de medios de comunicación u organizaciones de la sociedad civil que pierden tráfico de visitas cuando Google decide alterar la programación algorítmica del buscador, quedar relegado en la indexación de Google equivale a no existir en Internet, es casi un certificado de defunción digital. Pero estar “bien” ubicado en ese catálogo supone aceptar reglas de juego que Google dispone en su filtro y modifica sin rendir cuentas por ello.

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Imagen de la entrada de Werner Moser en Pixabay

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