Luis Miguel Pedrero

Como en tantos otros sectores, habrá de transcurrir mucho tiempo para valorar con suficiente perspectiva las consecuencias de la COVID-19 sobre la industria audiovisual a escala global. No obstante, algunos de sus efectos ya son perceptibles en un año en el que las pantallas vieron desbordada su función dominante –a menudo única– como interfaz de acceso al ocio y entretenimiento. Identificamos diez claves evolutivas de la TV a partir de las reflexiones de los últimos doce meses en El Debate de Hoy.

1. Que la capacidad de convocatoria de los canales en abierto resulta imbatible ante situaciones informativas excepcionales: el confinamiento no solo devolvió a la TV generalista cuotas de audiencia que parecían irrecuperables frente a la eclosión de Internet, sino que logró reconectar al público joven –el incremento en el target de 18 a 39 años fue del 147%– y recuperar el liderazgo de las cadenas tradicionales, que hicieron valer su rol de servicio público accesible a todos los ciudadanos.
2. Que en el ecosistema digital el negocio de los operadores televisivos no persigue comercializar el impacto publicitario de la programación lineal, sino obtener el máximo rendimiento del contenido en todos los entornos y dispositivos, desde las redes sociales a las plataformas de terceros. A las estrategias de posicionamiento online o la producción específica para su monetización en la red se suman nuevas líneas de negocio, como el centro comercial electrónico que acaba de lanzar Mediaset España con ofertas exclusivas para sus abonados a Mitele Plus.

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