El trumpismo, a través del populismo autoritario, ha sido el mejor paradigma de lo que hoy se ha denominado la era de la posverdad: el predominio político de la verdad subjetiva. La hegemonía del subjetivismo cultural ha sido la base de la nueva autocracia digital que desde la autoridad emocional desprecia el conocimiento científico e intelectual.

La resistencia del trumpismo a abandonar el poder y reconocer la mayoría social de su rival demócrata en las pasadas elecciones de los Estados Unidos ha sido la última revelación de la naturaleza autocrática y dictatorial de esa estrategia de movilización política populista.

El nacimiento de la Posverdad

Suele situarse el nacimiento de esta nueva cultura política en el entorno anglosajón, en el 2016, con el triunfo electoral de Donald Trump, el triunfo del Brexit en el referéndum de Gran Bretaña y la posterior victoria del exalcalde de Londres, Boris Johnson en 2019. Trump, un magnate empresario antipolítico, sociópata y cómico del espectáculo televisivo, partidario de las redes sociales y denostador de los medios de comunicación tradicionales, se convirtió en presidente de los Estados Unidos. Su influencia se había sustentado en tratar a sus electores como si fueran la audiencia de un programa televisivo de entretenimiento.

El artífice de su campaña electoral, Steve Bannon, un exbanquero de inversiones del Partido Republicano, también lo fue de la campaña del referéndum del Brexit. Junto con otros protagonistas como Karl Rove, poderoso consejero de George W Bush, Roger Ailes, fundador de Fox News, o Dominic Cummings, autor de los mensajes de la campaña de los eurófobos, que asumieron por primera vez que la percepción emocional era lo único importante.

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