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Pese a ser susceptible a las más grotescas manipulaciones cada vez más sofisticadas y difíciles de detectar, la fotografía es aún considerada por la mayoría de la población una fiable reflexión de la realidad. Pero es un craso error. Una foto se presta a tantas interpretaciones como un retrato al oleo, pues no es más que una ilusión óptica, una ficción, tal como se está comprobando semana tras semana con el dichoso VAR.

Entre las baratijas que llevaron a los mares de Sur los primeros navegantes europeos para hacer el trueque con los incautos isleños, nunca faltaban unos pequeños espejos, un artilugio desconocido en aquellas lejanas tierras. Lo curioso es que al ver esa gente por vez primera su reflejo, se pegaron un gran sobresalto; ninguno era capaz de reconocerse en el espejo. Es más, creían que ese extraño objeto estaba poseído de mágica de la mala. Y es que una imagen no es más que la interpretación que hacemos de ella, incluyendo la fotografía, que tan fácil es trucar.

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