La alfabetización mediática no basta para combatir los discursos de odio y negacionistas

Lo habitual es que los ideólogos de las narrativas paralelas del odio y del negacionismo ya no reproduzcan los discursos mediáticos, sino que los contradigan desde plataformas que hacen muy fácil la creación de una comunidad

Patricia Gea

A comienzos de este 2021, el Washington Post informaba en su columna de verificación de datos que el expresidente de los Estados Unidos, Donald Trump, había difundido cerca de 30.000 mentiras o afirmaciones engañosas a lo largo de su mandato. Mensajes de odio que han llegado a millones de personas en todo el mundo gracias al altavoz de la red, el ecosistema perfecto para que la desinformación, los bulos o las llamadas fake news proliferen compartiéndose de unos terminales a otros.

No quedan fuera del flujo de estos discursos los jóvenes y menores que tanto tiempo pasan al otro lado de la pantalla en un momento en que están construyendo su capacidad crítica y la idea que tienen del mundo. Los ideólogos de las narrativas paralelas del odio y del negacionismo están completamente adaptados a los nuevos lenguajes y se mueven mejor precisamente allí donde habitan los adolescentes del siglo XXI: en Internet y las redes sociales.

Desde el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (Oberaxe), que hace una monitorización y seguimiento del discurso de odio online, Karoline Fernández de la Hoz expone que los discursos de odio y de negación “han aumentado con la pandemia y se han enfocado a distintos colectivos vulnerables, influidos también por la agenda mediática”. Pero ya veníamos de una tendencia creciente en este sentido con el auge de las ultraderechas en todo el globo. Según Oberaxe estos mensajes se expanden sobre todo a través de “los medios de comunicación electrónicos y las redes sociales, donde se multiplican de forma exponencial”.

Facebook, Twitter y Youtube son las plataformas más infectadas de bulos y discursos de odio, según el Observatorio, pero también se difunden a través de canales de mensajería como WhatsApp, y se han multiplicado las páginas web que se disfrazan de medios convencionales para desinformar. Otras redes más recientes, como Tik-Tok o Twitch están tomando el mismo camino. Su público mayoritario son jóvenes de entre 14 y 20 años.

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