Hace exactamente treinta años, Whindoeck –capital de Namibia– acogía la conferencia de la UNESCO que concluía con la adopción de la Declaración para el Desarrollo de una Prensa Libre, Independiente y Pluralista. El documento vincula directamente la vigencia de una democracia plena con la existencia de unos medios de comunicación que realicen su labor en total libertad, sin control por parte de los poderes públicos ni monopolios que restrinjan su pluralidad. Desde aquel 3 de mayo de 1991, cada año se conmemora en esta jornada el Día Mundial de la Libertad de Prensa.

El último año no ha sido bueno para la prensa. Hace pocos días eran asesinados dos periodistas españoles en Burkina Faso tras el asalto de un grupo de hombres armados al convoy en el que viajaban. Los reporteros habían acudido al parque nacional de Arli para rodar un documental sobre la lucha contra la caza furtiva.

Durante 2020 fueron asesinados 50 informadores, según el informe que publica Reporteros Sin Fronteras (RSF). El ejercicio del periodismo sigue siendo una labor muy arriesgada y puede costar la vida en muchos lugares del mundo.

Accesos restringidos al ejercicio de la información

Según la misma organización internacional, durante el pasado año en el 73 % de los países del planeta el ejercicio del periodismo se enfrentó a una situación “difícil”, “muy grave” e incluso “problemática”. Son datos del informe anual 2021, en el que se presenta la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa y se constata que, con el pretexto de la pandemia, se han restringido e impedido accesos a “coberturas sobre el terreno” o a “fuentes de información”.

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