La mayor parte de las interfaces de las cuales participamos está demostrando su obsolescencia e incapacidad para adaptarse a la brutal transformación causada por la pandemia. Si, como escribí en Las leyes de la interfaz (2018), una interfaz es una red de actores humanos, institucionales y tecnológicos que mantiene una serie de relaciones, entonces está quedando más que claro que esas redes apenas aguantan el embate de una realidad implacable. Estamos en la misma situación que mencionaba Jesús Martín-Barbero en la primera página de su clásico De los medios a las mediaciones (1987):

No han sido solo las limitaciones del modelo hegemónico las que nos han forzado a cambiar paradigmas; han sido los tercos hechos y los agudos procesos sociales de América Latina los que nos han cambiado los objetos de estudio a los investigadores de la comunicación.

Una vez más, son los “tercos hechos” los que nos llevan a poner en discusión nuestros conceptos, teorías y modelos de análisis. Esta entrada está dedicada a algunas interfaces que, desde antes de la pandemia, comenzaban a mostrar sus limitaciones y ahora, ante el tsunami viral, han tenido que hacer un curso acelerado de adaptación para gestionar el cambio.

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