Inmersos en un mundo digital siempre seductor y hoy obligatorio, hemos devenido seres de 4 por 6 centímetros que habitamos cuerpos digitales. Frente a la nueva ideología del “sano distanciamiento”, nos queda la desobediencia cuidadosa: no ir a contaminarnos, pero reivindicar los cuerpos en la calle, activar en las redes y hackear el disciplinamiento.

Esta COSA. Las comunidades indígenas invitan a no nombrarlo, porque si se nombra se le atrae. Nombrar produce realidades, siempre. Lo llaman “el bicho”.  Yo digo, LA COSA. La COSA nos debería obligar a la valentía del silencio, a la belleza de callarse. “Lo hemos dicho veces, tantas veces y recién ahora sabemos que no sabemos nada”, poetiza Caparrós.

Aunque los cuerpos y la vida estén en modo “parking”, la mente está a millón, está excedida como dice Baricco, el escritor de Seda (una historia en modo Instagram pero de 1996) y el ensayista de The Game (2019) como lógica para comprender la revolución digital. Ante la velocidad de la mente y la lentitud de la vida, hay que llenarse de paciencia y atención, de estoicismo como comenta Carrión, el ensayista más cooltural.

Y como vivimos en la piel digital y habitamos cuerpos digitales creando un communitas digital, se crea un pensamiento en cuadritos, en fragmentos, en pantallitas… Hemos devenido seres de 4 por 6 centímetros. En esa vida débil, frágil y efímera surge un pensar de cositas, pequeñeces, miniaturas, cuadritos. Y este quiere ser un ensayito en modo cuadritos.

El 2020. El año que no existió

Los dueños de nuestros tiempos y destinos: nuestro capitalismo, nuestros políticos, nuestros empresarios quieren ya pasar la página de este año y borrarlo de la historia universal. Ya viven en el 2021. Borran el 2020. Y conectan el 19 con el 21. Y todo seguirá igual. Nada ha pasado. Nada debe cambiar. El fútbol fue genial: La Eurocopa y la Copa América pasaron al 2021 en los inicios de marzo. Para los dueños del mundo, nada ha pasado: un pequeño choque del capitalismo, nada más.

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