Cuando una se pone a mirar de cerca el panorama actual de desarrollo de proyectos de soberanía tecnológica, tecnologías apropiadas, técnicas liberadoras y empoderadoras, encontramos a muchas compañeras feministas en el centro de estos proyectos.

Aunque las tecnologías se nos presenten como neutrales no lo son. No se diseñan en el vacío, ni se usan desde ningún lugar. El desarrollo tecnológico está marcado por unos contextos y condicionantes ideológicos que tienen que ver con el género, con nuestra orientación sexual, clase, raza, edad, cultura. Actualmente, la tendencia neoliberal global y, muy especialmente, en los contextos donde se desarrollan más intensamente ciertas tecnologías imperantes, es configurar sistemas operativos, redes, servicios e infraestructura capitalista y patriarcal que tienen importantes consecuencias en cuanto a distribución de recursos y poder. El colonialismo digital y los nuevos algoritmos opacos se asientan y nos adentran en burbujas claramente generizadas resultando un campo de cultivo ideal para las ideologías de género machistas, las de siempre y las renovadas. Así se favorece la relación privilegiada de las tecnologías de algunos países, comunidades y personas, mientras se excluye a otras.

Las posibilidades de acceso, uso y participación efectiva en el diseño de las tecnologías adolecen de importantes desigualdades de género. Los hombres blancos, occidentales, de clase alta, capacitados, heterosexuales y sus empresas, gobiernos y redes acaban dominando las tecnologías, mientras las mujeres, personas LGTBIQ* y tantas otras colectividades pueden acabar oprimidas por ello. Así hoy, la tecnología ya está politizada, y por eso necesita de una repolitización que hackee, desprograme y erosione definitivamente la fuerte alianza capitalista patriarcal.

El género y las tecnologías se construyen mutuamente de forma fluida y dinámica, sin que haya una política feminista detrás, por lo que esta co-construcción puede resultar no liberadora. Debemos construir tecnologías que persigan y sirvan a las diversas causas y agendas feministas desde las necesidades e intereses situados y con impactos transformadores de género. Las tecnologías deben ser diseñadas, administradas y habitadas por y con las feministas y en alianza con todas las demás colectividades desprivilegiadas y en pro de la liberación, mirando desde las unas y las otras. Ello pasa, entre otros aspectos, porque los ámbitos tecnológicos resulten amigables y seguros, también libres de violencias machistas y de todo tipo. Sobre todo, debemos avanzar hacia unas tecnologías que favorezcan y sean la expresión de la diversidad, el cuidado, la autonomía, el empoderamiento y la accesibilidad para muchas más.

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