Por redacción OCC InCom-UAB.

La situación provocada por la Covid-19 ha anticipado una explosión cultural en línea. El sector de la cultura ha quedado tocado por la pandemia. Pero… ¿cuál es el valor de la cultura? ¿Cuáles serán los efectos a corto y largo plazo en la industria?

En el marco del 53 Festival Internacional de Cinema Fantástico de Catalunya de Sitges, el pasado 15 de octubre la Federación de Productores Audiovisuales (PROA) organizó la mesa redonda El precio de la cultura en la que participaron Miquel Curranta, director del Institut Català de les Empreses Culturals (ICEC); Raimon Masllorens, director de Brutal Media y Presidente de PROA; Elena Subirà, productora de Parallel 40 y de DocsBarcelona, y Elena Neira, docente, investigadora, escritora y articulista.

El debate, que lo moderó el productor de Mr Miyagi Films, experto en mercados internacionales y pitching, David Matamoros, empezó con la pregunta clave: ¿cuál es el precio de la cultura? Elena Neira abrió el debate afirmando que “el precio de la cultura debería ser elevadísimo”. Ella piensa que el debate se centra en lo que cuesta levantar un proyecto y todo lo que se invierte en hacerlo posible, pero que también se debe valorar lo que el cliente está dispuesto a pagar. Neira cree que “estamos en un momento de transición total en el que se está redefiniendo el precio de la cultura tal y como lo conocemos”.

Hay personas que todavía cuestionan si el creador debe cobrar

En su aportación al debate, el director Brutal Media, Raimon Masllorens, reformula la pregunta: ¿cuál es el precio del autor de la cultura? Masllorens afirma que hay personas que todavía cuestionan si el creador debe cobrar ya que durante años la cultura se ha consumido de forma gratuita. Para el presidente de PROA “el precio de la cultura lo debe regular el mercado. La cultura debe tener una cierta ayuda para que sea viable. La cultura tiene el precio que ponga el mercado”.

Para la productora Elena Subirà, “la correlación entre el coste de la cultura y lo que el mercado está dispuesto a pagar por ella es absolutamente desproporcionado en cualquier campo artístico y, por lo tanto, es imprescindible que haya fuentes de financiamiento supletorias al precio que el mercado de hoy día esté dispuesto a pagar”. Para Subirà, “lo que necesita debate y reflexión es cómo se regula y cómo se estipula el sistema que haga que el coste de crear y producir cultura quede 100% cubierto”. Un hecho que hoy no está resuelto, denuncia.

La cultura, tocada por la pandemia

Miquel Curranta enfoca su aportación con el precio que ha pagado la cultura en esta crisis. Constata que “hay 5.544 espacios cerrados escénicos, musicales y artísticos, 6.007 empresas en ERTO, 55.000 trabajadores en ERTO y, en el último año, un 17% de pérdida de afiliados del sector cultural en la Seguridad Social. El precio que paga la cultura es éste”, afirma.

A partir de estos datos, ¿la sociedad está pagando un precio justo por la cultura? El director del ICEC diferencia entre el precio de la cultura y el precio de las entradas. La cultura es accesible a casi todo el mundo, pero ¿qué valor le damos?, se pregunta.

¿La cultura necesita branding?

El productor David Matamoros apunta como reflexión que estamos viviendo un momento de crisis transaccional, las reglas del juego están cambiando para todos nosotros: creadores y productores que nos encontramos con nuevas formas de producir y de explotar nuestros contenidos. Históricamente, aquí, no se ha pagado una cuota por la televisión pública como en otros países, pero sí que estamos pagando Netflix. No acabamos de darle valor a una producción y si que le damos a otra y esto conduce a pensar sobre si la cultura necesita branding “para dejar de sonar fea”. Curranta piensa que “está tan presente que por eso no le damos valor. Hemos convertido la cultura en una comodity: se escucha más música que nunca en la historia y se le da menos valor que nunca. Cuando vas a un concierto ves más gente mirando su pantalla del móvil que el concierto. Los artistas de la música viven en una situación de precariedad como nunca habían vivido”.

Por lo que se refiere al concepto branding, Subirà apunta que un producto en el mercado tiene un recorrido directamente proporcional al branding que se hace, a la comunicación y al posicionamiento que se le da y se hace del producto. Subirà cree que “no hemos puesto en valor la cultura ante la sociedad ya sea porque hemos abusado de la oferta gratuita”. Y añade que “el concepto branding es básico para explicar que la cultura es importante, cuál es su coste y ponerla en valor ante la sociedad”. Y, en esta misma línea, Neira dice que “el branding es quien da visibilidad”. La producción no para de crecer, las plataformas son más globales que nunca.

Potenciar el contenido de proximidad

Masllorens apunta que “el precio del acceso a la cultura está bajando por la globalización y que hay un tipo de producción que no se debería de dejar de hacer”. Se debe pensar como producir un contenido más cercano, y no tan comercial, que compita con este producto más global. Neira apuesta por este contenido más de proximidad “si no queremos terminar con una homogeneización cultural -que le parece peligrosa- y cada vez hablamos más de consumidores y no de espectadores, y esto preocupa”. Curranta constata que “se puede competir en un mundo global desde la singularidad cultural teniendo una cultura propia. Hemos de intentar que nuestras propuestas que queremos lanzar al mundo global sean lo más ambiciosas posible tanto desde un punto de vista presupuestario como creativo”.

La cultura como factor cohesionador, pero de comunidades

Para Miquel Curranta, “la cultura ha tenido un problema que es la auto-referencia permanente”. Para él, “la máxima expresión de cultura es civismo. Cuando la cultura como concepto evoluciona se convierte en sociedades articuladas y, desde un punto de vista social, muy cohesionadas. Si la cultura renuncia a tener este papel articulador de sociedades, es cuando deja de tener valor”, sentencia el director del ICEC.

Elena Subirà coincide en poner en valor nuestra producción y saberla comunicar bien para que la que gente quiera verla y, si es necesario, ser más agresivos en la comunicación. Nos hemos preocupado mucho por producir pero no en comunicar. Estamos en un país donde la cultura se comunica tímidamente. Elena Neira constata que “ahora no se pueden comunicar las cosas como se hacía antes y nos hemos de adaptar porque la comunicación está fragmentada. Comunicar al espectador final cada vez es más difícil porque se consume de una forma más desestructurada. Se debe comunicar a una comunidad que se crea alrededor de un producto”. Para Matamoros, “la creación de comunidad puede aportar valor a la cultura”.

 

Enlace al vídeo de la mesa redonda: https://vimeo.com/468629709

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