Hace ya seis años que el periodista italiano Alberto Puliafito se embarcó en un proyecto con otros cuatro compañeros de profesión. Hartos de una narrativa tóxica cada vez más común dentro y fuera de las redes sociales, decidieron crear Slow News, un proyecto de periodismo lento que busca reflexionar y generar un debate abierto e informado. Ahora esa plataforma de noticias, que forma parte de un movimiento global que busca redefinir las normas de la profesión, se ha transformado en un documental, estrenado en España dentro del Another Way Film FestivalPuliafito reivindica con su cinta ‘Slow News’ una manera más sosegada y reposada de contar la actualidad. Porque, en un mundo en el que la celeridad de internet hace difícil diferenciar entre ficción, invención y realidad, se hace cada vez más necesario abogar por un periodismo lento, ético, reflexivo y constructivo. Solo así, dice el periodista y cineasta, «podemos reducir el ruido que produce la desinformación».


Vivimos en la era del clic. Aunque muchos lo critiquen, el clickbait –ese tipo de noticias con titulares que buscan visitas más que informar– son los contenidos más visitados en la mayoría de portales. ¿Nos encontramos ante un fenómeno nuevo creado por la inmediatez de las redes o estaba ya ahí, pero no nos habíamos dado cuenta?

Los periódicos siempre han intentado llamar la atención de la gente para vender espacio publicitario, o un punto de vista político o social determinado, o todo a la vez. Probablemente deberíamos hacer una clara distinción entre lo que llamamos noticias y aquellas informaciones cuyo conocimiento es útil para las personas. Este es el punto de partida para cambiar radicalmente la manera en que hacemos periodismo. Si creemos que las noticias son algo nuevo, excepcional, increíble, emocional, etc., ¿estamos hablando de periodismo o de entretenimiento? Mi teoría es que de lo segundo. Es verdad que en el ecosistema digital tenemos a nuestra disposición una cantidad tan ingente de contenido que es prácticamente imposible consumirlo todo, pero como cualquiera puede crear contenido o difundirlo, deberíamos dejar de preocuparnos de las métricas cuantitativas y empezar a considerar las cualitativas. Como periodistas, ¿necesitamos en realidad los clics y los likes? La respuesta corta es que sí, pero solo si nuestro modelo de negocio está basado en la publicidad y en los clics. Por tanto, es el propio modelo de negocio el que genera el clickbait, es la manera en que ganamos dinero.

«Si solo culpamos a las redes, absolvemos a quienes las usan para secuestrar la libertad de expresión»

En su momento, los periódicos pensaron que podían imitar a las redes sociales y traducir a digital lo que llevaban haciendo durante casi dos siglos. Pero es imposible. Primero porque los contenidos de las redes sociales se producen gratuitamente. Es más, si el tráfico (los clics) en una web aumentan, el precio del espacio que ocupa un banner se desploma; es una ley económica simple: la escasez mide el valor de un producto o servicio. Por tanto, una vez que entras en la dinámica del clickbait, te ves forzado a continuar en ella en una incesante espiral hasta el final. No se trata solo de una teoría: las incontables crisis por las que pasa el periodismo lo demuestran. Ahora mismo, en todo el planeta, se han acumulado una crisis económica, profesional, de identidad y de confianza. Especialmente, esta última se ve cada vez más acuciada: la gente ya no cree en el periodismo. Así que, en vez de echarle la culpa a las redes sociales o a los clics de la gente, deberíamos empezar por dejar de producir esos contenidos.

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