Vuelve La Veneno: así es la serie que trae a 2020 el icono transexual de los noventa

+ info: El País

Hay una prostituta apoyada en una cabina de teléfono de las de antes, de las de puerta, paneles de aluminio y cristal y con teléfono azul por dentro. A pesar del frío que hace entre los árboles del parque ahora que se ha puesto el sol, todo lo que ella lleva puesto —medias de rejilla y poco más—, enseña carne, salvo las botas de tacón blancas, que hace un rato estaban en la caja zapatos de los 90 del departamento de vestuario. Aquella caja estaba entre otras dos, calzados de los 80 y calzados de los 2000, y ahora se encuentra casi vacía. Sus contenidos visten a una veintena de chicas como la nuestra, trans, noventeras e inmóviles, cada una apoyada en su árbol. Una máquina de humo espesa la niebla a lo lejos. No es desde luego una escena Disney, pero para ser una recreación de la prostitución transexual en el Parque del Oeste en los años noventa, es una imagen hasta bonita. Como sacada de un sueño.

America’s First Drag Queen Was Also America’s First LGBTQ Activist and a Former Slave

+ info: Openculture.com

Sometimes, when we are engaged as either participant in, or eyewitness to, the making of history, its easy to forget the history-makers who came earlier, who dug the trenches that allow our modern battles to be waged out in the open.

Take America’s first self-appointed “queen of drag” and pioneering LGBTQ activist, William Dorsey Swann, born into slavery around 1858.

30 years later, Swann faced down white officers busting a drag ball in a “quiet-looking house” on Washington, DC’s F street, near 12th. […]

«Todo lo que tú quieras», Achero Mañas (2010)

+ info: Fotogramas

De entrada, esta es una película que incomoda: acostumbrados a prever todo tipo de historias alrededor de padres que se quedan solos al cuidado de su hijo, y también habituados a ver a hombres que se disfrazan de mujer, la tercera cinta de Achero Mañas logra escabullirse de los lugares comunes en ambos casos, porque Todo lo que tú quieras (y perdón por el juego de palabras fácil) no es… todo lo que tú esperas, sino una historia que gana en firmeza y seguridad conforme va sorteando tópicos de guión y se va construyendo su propia e indomable personalidad.

Después de El Bola y Noviembre, el cineasta vuelve a romper cualquier esquema preconcebido sobre él. Y, pese a ser este un film muy ligado a sus temas más queridos (la infancia y los disfraces), se sale por la tangente siempre, y encuentra en el personaje de Juan Diego Botto (excelente en sus matices) al mejor portavoz: en la vida (y el cine) vale la pena arriesgarse, y no se puede tener contento a todo el mundo. Porque terminas por hacer concesiones y pactos cobardes y, desde luego, creativa y existencialmente, frustrantes.