Alan Cabañas: El editor o editora de género, sólo es un primer paso

El InCom-UAB se suma a la celebración del 28 de junio, el Día Internacional por la liberación de lesbianas, gays, trans, bisexuales e intersexuales.

OCC InCom-UAB entrevista a Alan Cabañas Barroso, periodista y máster en Dirección de Comunicación y Marketing. Responsable de comunicación del Centro LGTBI de Barcelona.  Participa en el Máster en Comunicación LGTBI+ (InCom-UAB).

¿Estás de acuerdo con la idea de que los colectivos LGTBI necesitan poder encontrar más referentes en los medios?

Por supuesto, como muchos otros colectivos sociales que padecen discriminaciones. Las personas LGTBI, especialmente durante la infancia y la adolescencia, necesitan referentes positivos que les ayuden a ver representadas sus realidades y vivencias en contextos cotidianos. Es un espejo que, si huye de estereotipos y clichés, puede ser muy útil. Pero también lo puede ser para el resto de la sociedad. Introducir contenidos sobre la diversidad sexual, afectiva y de género en las programaciones, ya sea en formatos informativos o de ficción, contribuye a crear una sociedad más plural y abierta. La diversidad, en todos los sentidos de la palabra, es un valor que debemos ser capaces de potenciar y tenerla siempre en cuenta, como profesionales de la comunicación, pensando en que la sociedad vea y entienda el mundo.

¿Tiene sentido una oferta cultural dirigida de forma exclusiva a personas LGTBI?

Este es un debate muy interesante sobre el que podríamos encontrar opiniones totalmente contrapuestas, tanto dentro como fuera de los colectivos LGTBI. Desde mi punto de vista, la discusión no debería ser si tiene sentido o no que existan. Lo más importante es poner el foco sobre lo que hay detrás de cada uno de estos proyectos. ¿Forman parte de una estrategia puramente comercial, que busca dar respuesta a un nicho de mercado? O, en cambio, ¿es un proyecto que recoge cuestiones que en realidad son de interés para las personas LGTBI y su entorno y que, a la vez, dan visibilidad a creadores y creadoras LGTBI y a los debates que quieren plantearnos?

Lo mismo pasa con los espacios de ocio. Hay que funcionan como espacios seguros donde se potencia una programación cultural de muchísima calidad que es capaz de cuestionar abiertamente aspectos como los límites del género. Más allá del mainstream, la ciudad de Barcelona tiene una escena LGTBI muy interesante de la que se debería hablar mucho más, porque es muy valiente.

¿Debemos de continuar hablando de estereotipos a la hora de pensar sobre el tratamiento que hace la prensa de los colectivos LGTBI+ o sería más adecuado hablar de invisibilidad?

Cada vez hay más interés para tratar cuestiones relacionadas con el género y la diversidad sexual. Esto está contribuyendo a que, desde la profesión, haya una visión más especializada y más conocedora de la realidad. Poco a poco, vemos como en los medios generalistas empieza a tener una firma habitual que escribe sobre género y cuestiones LGTBI, huyendo de estereotipos y dando visibilidad a muchos temas que antes no se visibilizaban o se trataban de forma incorrecta. A pesar de ello, todavía queda mucho trabajo por hacer y, a veces, se producen verdaderos resbalones periodísticos. Dos muestras muy claras: todavía se publican artículos estigmatizantes sobre el VIH, y seguro que recordáis el desafortunado titular que se publicó hace poco a raíz de una agresión a una mujer trans por parte de unos policías locales.

Progresamos adecuadamente, sí, pero a veces nos seguimos quedando con los estereotipos, la estadística oficial y las fechas señaladas, olvidándonos de cuestiones que serían muy interesante que todo el mundo conociera.

¿Crees que la prensa trata correctamente los ataques homófobos?

En líneas generales, el tratamiento que se realiza es el correcto. La profesión está muy sensibilizada sobre todo aquello que tiene que ver con las violencias machistas y las LGTBI-fobias.

En este sentido, también ha sido importante el trabajo realizado por las entidades especializadas en el acompañamiento a las víctimas. Gracias a estas organizaciones los medios conocen los casos que se producen y la complejidad que todavía hay a día de hoy para hacer seguimiento de los delitos de odio, perseguirlos y sancionarlos.

¿Cómo se podría mejorar el tratamiento periodístico de los colectivos LGTBI+?

La existencia del editor o editora de género es fundamental, pero solo es un primer paso. Se podría ir más allá. En la BBC coexisten dos perfiles fundamentales: gender correspondent y LGBT correspondent. Son realidades complementarias, pero que requieren cada una de ellas de su especificidad y, lo que es más importante, de transversalidad fuera de las clásicas “secciones”.

En nuestras redacciones, en general, faltan estos referentes. Las informaciones se abordan desde el área de sociedad sin que exista un perfil periodístico concreto. Esto puede provocar que en un consejo de redacción no se seleccione bien el enfoque de un tema o que desde edición no encaje del todo bien la noticia dentro de la escaleta de un informativo.

Últimamente se habla mucho de “cinema queer”, y los personajes homosexuales parecen ya como una figura obligada en las series. ¿Crees que esta nueva ficción puede ayudar a que la sociedad tenga una mirada más abierta?

Sí, claro que sí. Pero también los guionistas deberían reflexionar sobre qué aportan los personajes LGTBI a las tramas. Está claro que la mirada ha cambiado muchísimo. En la década de los 2000, los personajes eren absolutamente estereotipados y caricaturescos. Ahora, por suerte, ya no es así. Pero muchas veces parece que la existencia de personajes LGTBI únicamente responde a un sistema de cuotas. Fijémonos, por ejemplo, en cómo se aborda la transexualidad en tres series diferentes: Pose (HBO), Euphoria (HBO) y La Casa de Papel (Netflix). La primera es un maravilloso ejercicio de memoria y puesta en valor de la aportación que hicieron las mujeres trans en el Nueva York de los 80, con toda la escena voguing y la incidencia del SIDA como trasfondo. En Euphoria, por su lado, el personaje de Jules nos interpela acerca de los fantasmas y los miedos que debe combatir una adolescente trans. En La Casa de Papel, en cambio, el personaje de Belén Cuesta es mucho más accesorio que en los otros dos casos, un simple guiño. Y, por cierto, no está representado por una actriz trans, pero este ya es otro debate…

¿Cómo se podría favorecer una sociedad más abierta desde el entretenimiento audiovisual?

Con referentes. Pero referentes de calidad, próximos y creíbles. Que un presentador de televisión salga del armario podía ayudar hace veinte años. Ahora quiero creer que es necesario ir más allá, y que es importante explicarle a la gente situaciones que viven las personas LGTBI en su cotidianidad y que siguen pasando desapercibidas. Y también es importante insistir en las múltiples interseccionalidades que les afectan (género, raza, clase…) y que incrementan las desigualdades que padecen respecto a otros colectivos sociales.

Como responsable del área de comunicación del Centro LGTBI de Barcelona, ¿cuáles son vuestros retos? ¿Y qué dificultades y ayudas os estáis encontrando a la hora de difundir vuestras actividades?

Todo el equipo ha interiorizado que trabajamos en dos dimensiones interconectadas. Por un lado, tenemos el compromiso de hacer del Centro LGTBI un espacio seguro, de encuentro, atención y relación para todas las personas LGTBI de la ciudad. Pero también sabemos que trabajamos para promover la diversidad sexual y de género como valor entre toda la ciudadanía, a través de actividades culturales que quieren generar debate, reflexión…

El Centro LGTBI es un proyecto maravilloso que bebe, a partes de iguales, de la trayectoria histórica del movimiento LGTBI y del impulso de las nuevas iniciativas que están surgiendo en la ciudad en el ámbito de la diversidad sexual y de género. Y, afortunadamente, existe voluntad política para que se consolide como espacio de innovación social y comunitaria. La acogida ciudadana, además, es inmensa. Todo el mundo nos lo pone fácil y nos recuerda a diario lo necesario que es nuestro trabajo. Esperamos estar a la altura de lo que se merecen los barceloneses y barcelonesas.

V Festival de Cine LGTBI

+ info:  Jot Down Magazine (Imagen: Ground beneath my feet, de Marie Kreutzer. Austria, 2019)

El Centro Niemeyer comienza a adaptar su programación a la denominada nueva normalidad y lo hace con el V Festival de Cine LGTBI. Esta nueva edición, programada para desarrollarse presencialmente en el mes de abril, se ha visto sorprendida por la crisis sanitaria, lo que ha forzado una reinvención del festival y su traslado a Internet gracias a una alianza con la plataforma de vídeo bajo demanda Filmin. Esto posibilitará que sus contenidos sean accesibles desde cualquier punto de España.

Del 20 al 28 de junio Filmin acogerá los contenidos de esta quinta edición, la más diversa hasta la fecha en cuanto a su programación, con nueve películas durante nueve días que van desde la comedia romántica hasta el documental biográfico.

 

El Festival de Cine LGTBI contará con las siguientes películas:

  1. Temblores, de Jayro Bustamente. Guatemala, 2019.
  2. Marilyn, de Martín Rodríguez Redondo. Argentina, 2018.
  3. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, de José Luis Torres Leiva. Chile, 2019.
  4. Bixa Travety, de Claudia Priscilla y Kiko Goifman. Brasil, 2018.
  5. Lemebel, de Joanna Reposi Garibaldi. Chile, 2019.
  6. Cubby, de Mark Blane, Ben Mankoff. EE. UU., 2019.
  7. The archivettes, de Megan Rossman. EE. UU., 2019.
  8. Wild nights with Emily, de Madeleine Olnek. EE. UU., 2018.
  9. Ground beneath my feet, de Marie Kreutzer. Austria, 2019.

Cuando el amor no se atreve a decir su nombre

Un análisis de «Para acabar con Eddy Bellegueule», la controvertida novela del francés Édouard Louis en la que que relata su infancia gay en el mundo rural (por  Nicolás Mavrakis)

Édouard Louis (Francia, 1992, originalmente Eddy Bellegueule) nació con los elementos para que su cuerpo desarrollara rápido ‒“le robaba la ropa a mi hermana y me la ponía para desfilar”‒ una afrenta particular a determinados tipos de masculinidad. En especial la que “encarnaba todos los valores masculinos tan celebrados” mediante el procedimiento de resistirse “a la disciplina escolar”.

Nacido y criado como mártir ‒que en griego significa testigo‒, Eddy Bellegueule es, en Para acabar con Eddy Bellegueule (Salamandra, 2015), una víctima de los prejuicios de una Francia particularmente provinciana a finales de la década del noventa del siglo XX. Y esa es una Francia interesante para cualquier lector porque se mantiene intacta frente al progresismo cultural y social parisiense, y lejos de la influencia de sus históricos recintos de pensamiento académico, históricamente permeables al amor que no se atreve a decir su nombre.

Refractaria de esa cultura oficial, la Francia de Eddy Bellegueule es la Francia profunda y reaccionaria de Jean-Marie Le Pen ‒una Francia coherente con su historia antes que con sus deseos conscientes, si se tiene noticia del premio Nobel Patrick Modiano‒, y en la que pueden desatarse verdaderos festines de sadismo, intolerancia y ‒a falta de una palabra más precisa‒ discriminación.

Abusado y marginado en el bachillerato, acusado y estigmatizado en su casa familiar, Eddy Bellegueule aprende de la peor forma la que será la peor parte de su vida de “marica, loca, maricón, mariposón, mariquita, sarasa, julandrón, amanerado, invertido, amanerado, afeminado, bujarrón, puto, o el homosexual, el gay”.

Seguir leyendo…. Para acabar con Eddy Bellegueule (por  Nicolás Mavrakis)